No dejar hacer daño

Junto con no hacer daño y no hacerse daño, (vea las dos entradas anteriores en este mismo blog) el tercer pivote, de los tres que componen la base del comportamental del buen vivir es no dejar hacer daño.

La naturaleza tiene, en su esencia, la fórmula para superar los daños ocasionados por la extrapolación que presente uno o mas de sus componentes. Ella toma medidas para evitar hacerse daño (o minimizarlo) como resultado de sus propios procesos. Cuando requiere deshacerse de sus excrecencias lo hace de manera que se supera a sí misma, reteniendo lo óptimo de cada fase y se relanza a la búsqueda de nuevos estados evolutivos.

El ser humano es resultado de esos procesos. Se considera una forma muy especial de organización de la materia, lograda a través de millones de años de evolución y puede, cuando logra hacerse consciente de ello, demostrar que está en condiciones de trascender hacia nuevos estados evolutivos.

Es evidente, por ejemplo, que las sociedades humanas que mantuvieron condiciones de vida compatibles con los ciclos naturales, (rotaron cultivos, se asentaron con apenas alteración de su entorno natural y mantuvieron niveles de consumo adecuado de otras especies) permitieron conocer, como aún lo hacen los pueblos ancestrales, la forma de manejar acertadamente la interrelación con la naturaleza.

No obstante las sociedades que impulsaron y dejaron a la libre disposición de las fuerzas del mercado el uso y abuso de la base material de la existencia, impusieron un ritmo de consumo desproporcionado e incompatible con los ciclos naturales hasta terminar en la más deplorable de las situaciones.

En los últimos 200 años esta tendencia se convirtió en dominante, hasta tornarse insostenible. De no cambiar el rumbo los efectos dañinos, que ya se sienten, la ley natural de la resiliencia cambiará por completo las condiciones en las que se nos permite mantenernos vivos. No será el planeta el que se extinga, serán las formas de vida que hoy conocemos las que desaparezcan.

No dejar hacer daño pasó a ser un imperativo de nuestra época: no basta con que algunos recomienden no depredar el entorno. No basta con que las leyes conviertan en delito esa depredación. Se requiere retomar la consideración ancestral que orienta a que las sociedades en su conjunto y cada un@ de los seres humanos que las componen, asuman su papel de guardianes de su entorno. Es lo que han hecho esas sociedades biofílicas: actuar de conjunto para detener a los individuos que desbordados por su propia codicia solo piensan en el crecimiento de su patrimonio.

No es, como podría pensarse, que la actuación social para defender un bosque urbano o un oso polar son actos de romanticismo nostálgico. Es, por el contrario, la avanzada de las nuevas generaciones que entienden que actuan ahora o la propia naturaleza tomará sus medidas para autoprotegerse. Para sacudirse de los agresivos seres que, creyéndose superiores, se acomodaron para ver su propio trágico final.  

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